LOS IMPONENTES CASTILLOS DE VIRÚ

Publicado por Trujillo Di? - Tu diario ciudadano regional en 18:10

martes, 10 de agosto de 2010

Por: Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com

El territorio de La Libertad está regado de vestigios históricos. En cada provincia encontramos evidencias de las diversas culturas que florecieron en épocas distintas. En Virú, a escasos 45 minutos de Trujillo, se encuentran restos arqueológicos que revelan la evolución cultural de las antiguas civilizaciones del norte peruano.
La evidencia más enigmática está en Queneto con sus plazuelas diseñadas con pesadas piedras talladas. Y en la parte central de la plaza principal se yergue imponente una roca alargada que los estudios la denominan “menhier”.
De una época posterior son los monumentos de adobe construidos sobre elevaciones geográficas (cerros). Algunos investigadores señalan que estas edificaciones estuvieron estratégicamente ubicadas y desde donde los vigías se comunicaban entre sí, avisando de alguna amenaza enemiga u otra noticia de los sucesos de estos reinos.
Son ocho los sitios arqueológicos con esta característica: el Cerro Queneto, Saraque, Napo, Virú Viejo, Santa Clara, Huaca Larga y los castillos de Tomabal y Huancaco. El arqueólogo Santiago Uceda sostiene que los cerros tuvieron una fuerte connotación en la mitología costeña de los moches.
Desde cualquiera de estas construcciones antiguas se observa a las otras, extendidas a lo largo del valle Virú, donde ahora los agricultores cultivan arroz, maíz, frutales y caña de azúcar.
Un poblador de la zona refiere que en la década del 70, después del terremoto que azotó la región, la agricultura quedó diezmada y la pobreza empezó a azotar a las familias. Pero el movimiento sísmico también había agrietado y derrumbado las estructuras de las principales construcciones pre incas, dejando a la vista valiosas piezas de cerámica que los lugareños recogían y las ofrecían al mejor postor.
Casi toda la población se dedicó a extraer esta riqueza arqueológica porque su venta se convirtió en atractivo negocio. Dizque conocidos personajes trujillanos llegaban con maletines llenos de dinero para comprar los objetos (de oro, plata y cerámica) que luego los vendían a coleccionistas nacionales y extranjeros.

• CASTILLO DE TOMABAL
Tomabal es una construcción de la época Gallinazo. Tiene cinco plataformas superpuestas en forma piramidal, cuya base está cimentada en piedra y adobe y data de 400 años a.C. hasta 200 años d.C. cuando empieza la cultura Moche. Posee cerámica, cementerios, pintura mural, nichos empotrados y el algarrobo es usado en los dinteles de las edificaciones.
El investigador Cristobal Campana, en su libro La Cultura Mochica (1994) lo describe como una construcción de adobe entretejida con varas de algarrobo, sobre una colina rocosa y un pórtico de grandes dimensiones.

La presencia de rampas y caminos laterales, adobe, pintura, estructuras centrales, ingresos y el acabado de sus construcciones indican la importancia del castillo.
El adobe utilizado es de tipo Gallinazo elaborado en gaveras de piedra (se deduce por las líneas que tienen) en contraste con la gavera de carrizo utilizadas anteriormente.
Los primeros hallazgos identificados en la década del 40 están en el Museo Larco Herrera en Lima. La característica de estos hallazgos tiene similitudes con la cultura Cupisnique.
Las paredes estuvieron adornadas con figuras geométricas en alto relieve. Muestras de éstas se encuentra guardadas en lo que será el Museo de Sitio de Tomabal. Ahí mismo se alberga la hermosa y delicada cerámica ornamental y religiosa salvada de la amenaza de los "huaqueros", entre los que destacan los cántaros intactos que fueron excavados, en los que guardaban chicha. Este es el mejor testimonio de la grandeza de esta cultura. Además hay osamentas de las tumbas aledañas a la arquitectura del Castillo.
El Castillo de Tomabal fue reconocido como monumento arqueológico mediante la ley Nº 24047.
El rescate de este legado arquitectónico se inició con las investigaciones por parte de un equipo de arqueólogos financiados con recursos del Proyecto Especial Chavimochic en convenio con el Instituto Nacional de Cultura (INC), durante la construcción del Canal Madre.
Estos estudios permitieron recabar valiosa información sobre la arquitectura, cerámica y costumbres de sus edificadores. Entre los restos de una tumba Moche, en 1993, se encontró una maqueta de muy fino tallado en madera de algarrobo que representa a unos de esos templos.
Es impresionante apreciar los restos de las murallas que protegieron el castillo de los ataques enemigos. Son muy elevadas y algunas llegan hasta el nivel del mismo cerro.
Campana dice que a este castillo lo constituyen “un grupo de pirámides” conocido como Huancaco, una de cuyas construcciones tiene más de 18 metros de alto.
A partir de 1998 se desarrolló un proyecto de excavaciones a cargo del estudioso canadiense Steve Bourget y el arqueólogo trujillano Heysen Navarro, cuyos resultados fueron valiosos para conocer la importancia de esta cultura.
Tales los trabajos consistieron en el levantamiento de planos con un teodolito electrónico y la constatación de la arquitectura que permitió identificar la existencia de 46 ambientes intercomunicados a través de pasadizos, escalinatas y corredores en zig zag. Muy novedosas para la época. Esto difiere en algo con las características de las construcciones de origen Moche.
Todo indica que se trata de un edificio de élite y mucho lujo, lo cual se deduce también por el tipo de cerámica ceremonial existente (platos) en los que se habría colocado ofrendas durante las celebraciones rituales.
Otro atractivo son los indicios de murales encontrados en algunas paredes. Los colores comunes son el blanco y hasta cuatro tonalidades del rojo, amarillo, azul verdoso, negro azabache y negro brilloso.
Esas investigaciones reforzaron la necesidad de preservar y poner en valor este monumento que se constituye en uno de los importantes atractivos turísticos del valle Virú. Un verdadero reto para las autoridades y la comunidad.